martes, 4 de junio de 2019

Cuaderno XXX

1160

No se escribe en procura de una identidad sino, precisamente, para cambiar de rostro, de nombre, de lugar, en suma ,de certezas. La pregunta del escritor es ¿quién puedo dejar de ser hoy?

1161

Nuestros primeros pensamientos son poéticos tanto como nuestra incursión en el lenguaje. En pocas palabras nos hicimos conscientes mediante la experiencia poética. Desconfiemos de quien, para evitar lidiar con su propia intensidad, dice no saber nada de poesía. A ella se le puede amar o despreciar, lo imposible es ignorar lo que la poesía sabe. 


1162

El poema cerrado señala el afuera. ¿Qué haces descendiendo a su interior? 

1163

"Yo he cambiado" La frase esconde una sutil falacia: para ser yo, alguien, es preciso resistir la disolvente naturaleza del cambio. Sólo se puede cambiar no siendo. Como un nadie nunca como un yo.

1164

Un concepto es una decisión elevada al estatus de idea. Una idea es la voluntad enamorada.

1165

X- ¿Qué es la distancia?
Y- Es aquello que nunca se va 

1166

El saber en la poesía es único, mientras que en la filosofía es universal. ¿Hablamos del mismo conocimiento? Sí y también de la eterna diferencia que puede existir entre una forma de estar enamorado y otra.

1167

Quien a cierta edad no ha podido decir el mundo a su manera, es un desdichado. En verdad: pobre de aquel que no haya memorizado con sus propias palabras al menos un instante estremecedor de su vida. 

1168

X-¿Qué las hace únicas dentro de un poema?, ¿por qué suenan diferentes dentro de ese estremecimiento? A fin de cuentas ellas siempre existieron y hubo casos donde se unieron formando una frase. ¿Qué es lo que hace verso al verso? 

Y-El coraje de saberse necesitado del todo, como todos, y decirlo como uno. 

1169


A propósito de mis trabajos en la administración pública, cierta vez me preguntaron ¿qué hace un poeta en ese cargo? Estaba fuera de las lides de la burocracia cultural y esto desentonaba de un modo que yo mismo no podía dar cuenta. Reconocí en la pregunta la ironía vulgar que hay frente a la poesía y a la figura propiamente del poeta. 

¿Tienen los poetas un lugar concreto en el mundo y fuera de éste  su presencia es aún más molesta, ridícula o, precisamente por carecer de sitio sería más frecuente de lo que creemos esto de que el poeta "usurpe" otros roles en la vida pública? 

Si la pregunta no entrañase un desdén por el 'oficio de poeta' hubiera estado animada por una duda legítima ¿qué hace un mal poeta ejerciendo ese cargo?  Hablaría muy bien del curioso aunque la sentencia pudiera ser rebatible. 

Pero no. La poesía como palabra y el poeta como categoría lejos de definir algo, comienza a denotar nada. No significa que esté desapareciendo del juicio común, esto sería un mejor destino, sino que su uso lleva implícita la devaluación y la inutilidad absoluta. Sé que muchos reivindican esto último ante la teleología dominante: es decir, la inutilidad de la poesía. Desde el punto de vista semántico me parece audaz afirmar así su ingobernabilidad en un mundo donde la utilidad es sumisión falsificada.  Sin embargo no es suficiente si lo que nos proponemos es la supervivencia de la poesía en tanto que potencia pura en tiempos de languidez. Que la presencia del poeta asedie la norma claro que habla muy bien de su inmanencia peligrosa pero también de lo minúsculo de la cultura.

1170

¿Y si el pensamiento es la niebla misma: no llega a nosotros para aclarar - como lo plantea la tradición occidental- sino para velar la nada? la palabra sería una sola con lo inconmensurable: el comienzo de una reconciliación con Parménides. 


1171

Si te vas que sea para hallar nuevos ojos pues los países que verás son al fin y al cabo siempre los mismos.

1172

La experiencia es la hondura de la idea. No se puede pensar profundamente en algo sin vivirlo del todo.  

1173

Comparado con lo que evitamos decir, todo lo escrito hasta ahora resulta inestable. Lo indeleble, lo irreversible es el silencio.

1174

Llevo un año y medio retomando la disciplina del Haiku. Es el tiempo que dura un viaje de vuelta a cualquier punto de nuestra vida consumada: lo que cuesta su desentierro, su reconstrucción y el dilatado acomodo de nuestra diferencia, esa diferencia que somos hoy. Desde la publicación de Pequeña tierra, lo que pensé era sólo un ejercicio de reescritura, se volvió hábito, si se quiere, terapéutico. En verdad es la única forma  que encuentro para salirme de mí mismo, de figurarme un espacio aparte, sin promesa, sin nada. Lo que normalmente es  contención en la escritura breve y contemplativa es estallido, liberación, levedad. Transcribo esta serie alusiva a las guerra:


***

Desangrándose
herido de olvido
mi oponente.

***

Larga jornada,
el campo de batalla
se ara solo.

***

Cerca del trigo
aguardando su turno
tiembla el viento

***

Lo dejé todo.
Un país es un barco
propiedad del mar

***

El Samán cayó,
como un guerrero más,
panteón de aire.

***

Parece hierba
la sangre del héroe:
brota y sube.

***

Día tras día
la verdadera guerra
nos sobrevive.

***

Empujando al 
viento la hoja seca 
vuelve al árbol.

***

Ganas de cantar
las del papel en blanco
y lo silencian.

***

Decirlo todo
El mundo efímero
no tiene nombre.



martes, 26 de marzo de 2019

Cuaderno XXIX

1148

Descubrí que la gravedad eran mis propios pasos perdidos. Y que el mundo era un camino sin bordes.


1149

Buscar identidad en la belleza: esa forma de negarnos.

1150

No se descansa en lo quieto: la quietud exige del cuerpo y del espíritu una concentración suprema, un movimiento hacia uno mismo desde todas las direcciones.  Uno contempla un monte, por ejemplo, para orientar el rumbo, para tomar impulso y partir.

1151

Nietzsche sólo valora los pensamientos que se caminan. Caminar es mi manera de confesarme. Lo mismo el mundo: se mueve en su totalidad y al mismo tiempo para decirnos de su verdad.

1152

Criar a un hijo es cultivar una fuerza con el rigor de la jovialidad.


1153

¿Podremos soportar en el futuro los innumerables conflictos que, con generosidad, nos regala la poesía?

1154

X se ufana de ser un hombre que duda. Quizá por eso necesita, para sustentarse dubitativo, atacar al hombre con certezas. Bien, me da gusto ese debate porque me permite aclarar para mí, y para el sospechado lector, algunas cosas sobre el particular. En primer lugar quise diferenciar aquella duda derivada de una incapacidad absoluta de afirmar de otra que proviene de una tensión radical con la afirmación. La primera está en el orden del no pensamiento, signo de la modernidad neoliberal. Por lo tanto tiene que ver más con una falta de coraje ante sí y ante el mundo de lo probable. ¿Por qué estoy es así? Simple dialéctica: no se puede dudar si antes no se ha tenido una creencia o cuando menos una sospecha de lo cierto. Es esta sospecha lo que hace necesario que la duda sea activa y se traduzca en una teoría de interrogaciones. Toda duda es una experiencia crítica antecedida por una experiencia religiosa o militante. 

Es imposible dividir al hombre entre el que duda y el que cree. El sujeto en tanto que sujeto es producto de afirmaciones sesgadas y dudas insostenibles. Se puede decir que es esta tensión lo que lo vuelve real. Esto nos lleva al único gesto que vale: la duda constitutiva de la idea y la idea que alumbra para descubrir nuevos límites. 

La duda primera, la falsa duda, es impotencia del espíritu, es miseria de la razón. Toda afirmación sesgada renueva la duda que al ser insostenible produce verdades cuyos procedimientos ponen en duda otros.

1155

La poesía y la lucha política. Detesto a los que reniegan de esta relación natural del mismo modo que desprecio a los que interpretan este vínculo con una ligereza vulgar. Los primeros hacen panfletos frígidos, los segundos  propaganda. Siempre he querido hacer una poesía comprometida y juraría haberlo hecho sólo cuando me alejé trampas ideológicas. Si me ha fallado algo es la instantaneidad no la militancia. Tal vez cuando esté mucho más viejo saldrán esos poemas combativos y nunca sería demasiado porque, está visto, la injusticia es inagotable. Siempre habrán canallas, siempre tendremos motivos para pelear y escribir poesía. 

1156

No escribes un poema turbio: oyes ese desasosiego y lo dejas sonar hasta que aclara, es decir hasta que se vuelve pura lentitud. 

1157

La palabra escrita es la quietud de los afectos. Una quietud que anima al cuerpo.

1158

Las ideas no nos ofrecen certezas sino sospechas. De allí que el ser de las ideas es un ser contingente. 



1159

El mundo no cabe en un pensamiento: sólo una mente dispersa es capaz de traducirlo. 



Cuaderno XXXI

                              Apuntes sobre el Haiku     *** Cuando no tengas nada que decir, escribe un haiku.    ***   ¿De qué hablamos en...